Cómo fotografiar el viento
El viento plantea un reto fotográfico propio : solo existe en una imagen a través de sus efectos sobre aquello que toca. Una foto de viento lograda nunca es una foto de «nada que se mueva» — siempre es la foto de un sujeto que, con su propia reacción, revela el viento.
Encontrar un sujeto que «cuente» el viento
Un cabello que vuela, una prenda o una bufanda que ondea, una bandera tensa, hierbas altas tumbadas, arena que corre al ras del suelo — otros tantos sujetos que hacen el viento inmediatamente legible, algo que un simple cielo o un paisaje inmóvil nunca sugeriría. Elegir ese sujeto antes incluso de ajustar la cámara sigue siendo el paso más decisivo de este tipo de imagen.
Congelar el viento, para mostrar su fuerza
Una velocidad de obturación rápida (1/1000 s o más) congela cada mechón de pelo, cada pliegue de tela en pleno movimiento — un enfoque que capta el viento en toda su violencia aparente, un poco como se congela un gesto deportivo rápido. El efecto funciona especialmente bien en un rostro o un retrato, donde el cabello en movimiento añade una energía que la inmovilidad nunca podría transmitir.
Difuminar el viento, para mostrar su duración
A la inversa, una velocidad lenta (de varias décimas de segundo a varios segundos) estira el movimiento de las ramas, las hierbas o las nubes en largas estelas — un enfoque cercano al desenfoque artístico voluntario, donde el sujeto sigue siendo reconocible pero visiblemente atravesado por el movimiento. Un trípode se vuelve entonces indispensable para que solo se difumine el sujeto en movimiento, y no toda la imagen.
Anticipar las rachas, no un viento continuo
El viento rara vez sopla de forma perfectamente regular : llega en rachas, con calmas entre dos movimientos más marcados. Observar unos instantes antes de disparar, para detectar ese ritmo, permite captar al sujeto justo en el momento en que el viento actúa de forma más visible sobre él, en lugar de disparar al azar durante un momento más tranquilo.