Fotografiar animales salvajes en un parque zoológico
Un parque zoológico ofrece una ventaja que la naturaleza salvaje casi nunca da: el tiempo. No hace falta rastrear al animal durante horas con la esperanza de verlo — está ahí, en su recinto, y es precisamente ese tiempo disponible el que hay que saber aprovechar en lugar de disparar sin parar a la primera pose que se presente.
Apuntar siempre al ojo
En un retrato animal, igual que en un retrato humano, es el ojo el que hace o deshace la foto. Un animal fotografiado con el ojo nítido, aunque el resto del cuerpo esté ligeramente desenfocado, da una imagen viva y conectada con el espectador. El mismo animal con el ojo desenfocado, aunque todo lo demás esté perfectamente nítido, deja una imagen indiferente. En modo de enfoque automático puntual, coloco sistemáticamente el punto de enfoque sobre el ojo más cercano al objetivo, nunca sobre el centro del cuerpo.
Esperar el comportamiento, no solo la presencia
Un animal inmóvil que mira al vacío da una foto correcta. Un animal haciendo algo — acicalándose, jugando con un congénere, bostezando, observando un movimiento a lo lejos — da una foto interesante. La diferencia entre ambas suele ser simplemente el tiempo que se acepta pasar frente a un mismo recinto observando antes de disparar, en lugar de fotografiar cada animal una vez y pasar al siguiente.
Hacer desaparecer las vallas
Rejas, cristales y fosos forman parte del decorado de un parque zoológico, pero no tienen cabida en la foto final. Una apertura grande (valor de apertura pequeño) combinada con una buena distancia entre el objetivo y la reja suele bastar para hacerla desaparecer por completo, desenfocándola hasta volverla invisible. Para los cristales, pegarse directamente a la superficie con el parasol evita la mayoría de los reflejos — mejor perder unos centímetros de distancia que quedarse con un reflejo de cielo en medio de la imagen.
La luz plana no es una fatalidad
Los recintos rara vez ofrecen la luz ideal: a menudo en pleno día, con un sol alto que aplana los volúmenes. Buscar zonas de sombra parcial, los momentos en que el animal pasa bajo un árbol, o simplemente volver al final del día cuando la luz rasante devuelve el relieve al pelaje y las plumas, cambia por completo el resultado — la misma especie, en la misma hora, da fotos sin comparación posible según la luz disponible.
