Los objetivos indispensables que hay que llevar en la mochila
No hace falta tener diez objetivos para estar bien equipado: tres o cuatro ópticas bien elegidas, complementarias en lugar de redundantes, cubren la casi totalidad de las situaciones con las que se encuentra un fotógrafo.
El zoom versátil, la base de la mochila
Un zoom que cubra aproximadamente de 24 a 70 mm suele ser el primer objetivo a considerar más allá del que viene en el kit: lo bastante amplio para un paisaje o una escena callejera, lo bastante cerrado para un retrato o un detalle, cubre la inmensa mayoría de las situaciones cotidianas sin cambiar nunca de óptica.
Un objetivo fijo luminoso, para el retrato y la poca luz
Un 50 mm f/1.8, económico y disponible en todas las marcas, complementa perfectamente al zoom: su gran apertura permite fotografiar con poca luz sin subir el ISO en exceso, y su desenfoque de fondo para el retrato sigue sin tener rival frente a un zoom de gama de entrada. Ver también objetivo fijo o zoom, cuál elegir.
Un gran angular, para los paisajes y la arquitectura
Entre 16 y 24 mm, un gran angular abre el encuadre para los paisajes, la arquitectura o los interiores estrechos donde no se puede retroceder. Es un objetivo que se usa menos a diario, pero que se vuelve indispensable en cuanto un sujeto sencillamente no cabe en un encuadre más cerrado.
Un teleobjetivo, si le atraen la fauna o el deporte
Para quien practica con regularidad la fotografía de animales o el deporte, un teleobjetivo a partir de 200 mm se vuelve necesario para encuadrar de cerca sin molestar al sujeto. Es, eso sí, una inversión que conviene reservar a una práctica real: un teleobjetivo que se queda en la mochila no sirve de nada.
Completar en lugar de acumular
El buen reflejo antes de cualquier compra nueva: identificar con precisión lo que la mochila actual no permite hacer, en lugar de añadir un objetivo que cubre un rango focal ya cubierto por otro. Una mochila con tres objetivos complementarios, bien conocidos y siempre listos para usar, sirve más que una colección de ópticas de las que la mitad se queda en casa por falta de una utilidad clara.