TechniqueConsejos técnicos y composición

Fotografiar rayos y tormentas con seguridad

Un rayo cae en una fracción de segundo demasiado corta para poder disparar a mano — fotografiar una tormenta se basa por tanto por completo en la larga exposición, que mantiene el sensor abierto el tiempo suficiente para captar el rayo en el momento en que se produce, sin tener que preverlo.

La seguridad, antes que cualquier otra consideración

El rayo sigue siendo un peligro real : fotografiar una tormenta se hace siempre desde un lugar resguardado — en el interior, detrás de un cristal, o dentro de un vehículo — nunca al aire libre y a la intemperie, ni bajo un árbol aislado. Un teleobjetivo largo o simplemente un encuadre amplio desde una ventana permite captar la actividad tormentosa a buena distancia, sin tener nunca que exponerse directamente.

El trípode, absolutamente indispensable

Una exposición de varios segundos hace que cualquier temblor de la mano sea inmediatamente visible en toda la imagen — un trípode estable, junto con un disparador remoto o un temporizador, resulta imprescindible para este tipo de toma, incluso más que para la mayoría de las demás largas exposiciones.

Los ajustes, en modo manual

Una apertura media (f/8 a f/11), una sensibilidad baja y una exposición de varios segundos a una decena de segundos convienen a la mayoría de las escenas de tormenta nocturna — a pleno día, un filtro de densidad neutra se vuelve necesario para alargar lo suficiente el tiempo de exposición sin sobreexponer el resto de la escena.

Multiplicar las tomas en lugar de buscar un instante preciso

A diferencia de otros sujetos donde se busca el instante justo, la foto de rayos se basa en la repetición : encadenar tomas sucesivas de varios segundos, sin interrupción entre cada una, maximiza las posibilidades de que un rayo caiga justo durante una de ellas. Un intervalómetro, que dispara automáticamente una serie de tomas sin intervención manual, simplifica mucho esta espera que puede durar largos minutos.