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Cómo fotografiar la luna (sin que sea solo un punto blanco borroso)

La luna es probablemente el sujeto peor expuesto por los fotógrafos principiantes: un smartphone o una cámara en modo automático casi siempre la convierte en una mancha blanca sobreexpuesta sin el más mínimo detalle. El problema, sin embargo, no es la luna en sí — es la forma en que se expone.

La luna es más luminosa de lo que parece

De día o de noche, la luna recibe luz solar directa — en realidad, es casi tan luminosa como un paisaje iluminado en pleno día. El modo automático de la cámara, en cambio, expone para el cielo nocturno que la rodea, lo que sobreexpone sistemáticamente la luna. La solución: pasar a modo manual y subexponer deliberadamente.

Los ajustes que funcionan casi siempre

Un punto de partida fiable: apertura entre f/8 y f/11, velocidad entre 1/125s y 1/250s, ISO 100 a 200. No es casualidad que estos valores se parezcan a los de una foto diurna — es exactamente la luz que recibe la luna. A partir de ahí, ajusta según el resultado que ves en pantalla, en lugar de fiarte del ojo desnudo, que percibe la escena de forma muy distinta a la cámara.

La distancia focal, el verdadero factor limitante

Sin un teleobjetivo de al menos 300 mm (idealmente 400 mm o más, eventualmente con un multiplicador de focal), la luna sigue siendo un pequeño punto en la imagen, por bien expuesta que esté. Es la distancia focal, mucho más que el cuerpo de la cámara, lo que determina si se obtiene un disco con detalle o un simple punto luminoso.

Estabilidad y enfoque manual

A esa distancia focal, el más mínimo movimiento se nota: un trípode es casi indispensable, junto con un disparador remoto o el temporizador para evitar la vibración del disparo. El autoenfoque suele tener dificultades con un sujeto tan contrastado en la oscuridad: pasar a enfoque manual, ampliando la imagen en pantalla para afinar visualmente la nitidez de los cráteres, da un resultado más fiable.