Cómo fotografiar niños sin que se aburran
Un niño al que se le pide «posar» durante más de diez segundos se desconecta — su atención se va a otra parte, su sonrisa se vuelve forzada, y la foto lo muestra. Fotografiar niños no es dirigir una sesión: es ponerse disponible para captar lo que ocurre, no lo que se les ha pedido que hagan.
Dejar al niño ocupado, no posando
La mejor instrucción que se le puede dar a un niño suele ser no darle ninguna. Dejarlo jugar, dibujar, correr, mirar un libro — en resumen, hacer lo que haría de todos modos — da expresiones mucho más auténticas que un «mira a la cámara y sonríe». El fotógrafo se coloca entonces como observador más que como director, y espera el momento en que la atención vuelve de forma natural a algo interesante.
Ponerse a su altura
Fotografiar a un niño desde la altura de un adulto de pie aplasta sistemáticamente al sujeto y da una foto «en picado» que infantiliza la imagen en lugar de hacerla entrañable. Agacharse, sentarse en el suelo, a veces incluso tumbarse: ponerse físicamente a la altura del niño cambia por completo la relación de la imagen con el sujeto, y da una foto tomada con él en lugar de desde arriba.
Aceptar la imperfección del movimiento
Un niño se mueve, todo el tiempo. En lugar de luchar contra eso, mejor aprovecharlo: una velocidad de obturación suficientemente rápida para congelar el movimiento, un enfoque continuo en lugar de puntual, y muchos, muchos disparos — el mejor momento rara vez llega en la primera foto, pero a menudo en la décima, esa en la que el niño ha olvidado por completo que lo estaban fotografiando.
La paciencia antes que la insistencia
Si un niño se cohíbe ante la cámara, insistir solo empeora las cosas. Es mejor bajar la cámara, seguir charlando o jugando, y retomarla unos minutos después, una vez que su presencia vuelve a parecer normal y ya no le presta atención. Las mejores fotos de niños casi siempre se toman cuando han olvidado que había una cámara ahí con ellos.